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Conference of Presidents of Democratic Latin American Parliaments

VI CONFERENCIA DE PRESIDENTES DE PARLAMENTOS DEMOCRÁTICOS IBEROAMERICANOS.

(Sucre, Bolivia, 28-30 de noviembre de 1988)

DECLARACIÓN DE SUCRE

La sexta Conferencia de Presidentes de los Congresos Democráticos Iberoamericanos, reunida en la Casa de la Libertad de la Ciudad de Sucre, entre el 28 y el 30 de noviembre de 1988, ha examinado diversas cuestiones que afectan a la política mundial, el orden económico internacional y los Países Iberoamericanos en especial, y ha formulado la siguiente declaración:

1. UN MUNDO EN TRANSFORMACIÓN

A pocos años del próximo siglo, el sistema económico y político internacional vive una etapa de transformaciones tan profundas que casi podrían compararse con el de mutaciones genéticas en los organismos vivos. En la matriz de esos cambios se ubica la revolución tecnológica, que ha inducido hondas modificaciones en la estructura de la producción y el comercio mundiales y que ha provocado, de forma paralela, el proceso de reestructuración del sistema internacional notorio, en los niveles políticos, sociales y económicos.

La pujante presencia del Japón, la acelerada construcción del mercado europeo hasta 1992, la modernización de las economías socialistas, especialmente las de la URSS y China, la irrupción de los países del Sudeste Asiático, son algunos de los elementos de ese intenso proceso de modificación del escenario internacional.

Los países en desarrollo, situados al margen de esas corrientes, no se han beneficiado, aún, del potencial de transformación y desarrollo de la revolución tecnológica. Han sido afectados, en cambio, por la significativa reducción de la importancia relativa de las materias primas y de la mano de obra barata, en el proceso de producción y comercialización. El nuevo orden económico, muy distinto de aquel que planteaban a principios de la década pasada, se basa en una división internacional del trabajo, entre países ricos y pobres (en conocimiento), que acentúa la dependencia y marginalidad de las naciones en desarrollo.

En efecto, gracias a la innovación tecnológica y a la aplicación sistemática de políticas de sustitución de importaciones y de precios internos de sustentación, los países industrializados han reducido significativamente sus necesidades de productos básicos procedentes de los países del Sur y, merced a gigantescos subsidios a la exportación y criticables prácticas de comercio, han llegado a colocarse en posición dominante en las exportaciones de materias primas, principalmente de alimentos.

Así, al terminar este siglo, los países en desarrollo tienen ante sí el desafío de su propia transformación, para evitar el riesgo de una creciente marginación y de la agudización de sus conflictos sociales.

Esa es, sin duda, su propia y primaria responsabilidad.

Pero la comunidad internacional y particularmente los países industrializados, deben asumir la que les corresponde.

2. DESARME Y DESARROLLO

Durante muchos años, la invocación constante de la necesidad del desarme asumió casi forma ritual en los diferentes foros internacionales. Se la repetía para satisfacer apariencias de política interna y externa, en medio de un despliegue retórico sin ningún destino. Hoy, sin embargo, gracias a los trascendentales acuerdos de reducción y control de armas nucleares, que suscribieron los Estados Unidos y la Unión Soviética, se avisora, por primera vez, la posibilidad efectiva de transformar la declaración retórica en entendimientos concretos de desarme.

El mundo no puede dejar pasar de lado esa oportunidad. Es necesario que se extremen esfuerzos para negociar y formalizar acuerdos de desarme, de armas nucleares y convencionales, en el nuevo ambiente internacional de distensión y de recuperación paulatina de la autoridad y el prestigio del sistema de las Naciones Unidas. Esos entendimientos liberarán inmensos recursos financieros, tecnológicos y humanos, cuya cuantificación desafía la propia imaginación.

Sin embargo, es también indispensable precisar que esos recursos deberán aplicarse a la solución del problema económico y político más grave del próximo siglo: la marginación, el atraso y la dependencia de los países en desarrollo. Será necesario orientar, desde un principio, la utilización adecuada de esos fondos y prever la movilización de todos los instrumentos de solidaridad internacional, para encarar, de una vez por todas, los problemas de la pobreza extrema, de la educación, de la salud y del atraso tecnológico de casi dos tercios de la población del planeta.

3. PROBLEMAS ESPECÍFICOS DE AMÉRICA LATINA

Una deuda superior a cuatrocientos mil millones de dólares agobia a la América Latina y reduce considerablemente las posibilidades de su desarrollo.

Se ha reconocido que el problema es esencialmente político y que su solución está ligada al desarrollo económico-social.

En países depauperados por una crisis persistente, se da la paradoja de haberlos convertido en exportadores netos de capital. Si el ahorro interno se destina en buena parte al pago de la deuda externa y se reduce el comercio exportador, esa tremenda paradoja explica tanto los desequilibrios de la balanza de cuentas como el empobrecimiento inmisericorde de los países sometidos ya de antiguo a la pobreza extrema.

Hay algunos elementos que permiten esperar algún resultado en el entendimiento entre deudores y acreedores y, en todo caso, es indispensable encontrar un punto de equilibrio entre el pago de las obligaciones y los requerimientos del desarrollo económico-social.

La cuestión del narcotráfico, por su amplitud, tiene carácter multilateral y acarrea por igual la responsabilidad de productores y consumidores. Por consiguiente, no basta actuar sobre la producción, es tiempo también que los países donde el consumo es cada vez más extendido actúen en forma decidida y eficiente. Tampoco es suficiente la represión. La economía sumergida que crea el narcotráfico tiene que ser sustituida, urgentemente, por una economía de desarrollo, mediante una acción concertada entre los países industrializados, los organismos internacionales y los países en desarrollo, de tal manera que se haga posible la creación de nuevas fuentes de trabajo y se fortalezcan la agricultura y la industria como alternativas reales para los pueblos que son actualmente víctimas del tráfico de drogas.

Si bien la violencia desatada en varios países de América latina y otros del tercer Mundo, reconoce complejas y múltiples causas, es preciso señalar como la más significativa la de la pobreza crítica, actualmente incrementada por factores propios de la crisis económica y las mutaciones del sistema económico internacional en desmedro de los países en desarrollo. En este orden, es igualmente insuficiente la represión. La violencia social tiene un caldo de cultivo en la pobreza crítica y, por consiguiente, es imperativo conjugar y resolver ambos problemas simultáneamente. Una acción eficiente comprende soluciones en el orden jurídico, como los de la tendencia de la tierra; en el campo económico, como los programas de desarrollo; y en el campo social, como las que implican un mejor reparto de la riqueza y la elevación del nivel de vida de los pueblos.

4. LINEAMIENTOS PARA LA ACCIÓN

Como acción inmediata y considerando la utilidad de una iniciativa que coadyuve las gestiones de los Gobiernos, los Parlamentos, y los foros internacionales, la Sexta Conferencia de Presidentes de los Congresos Democráticos de Iberoamérica,

ACUERDA:

1. Declarar como un instrumento más a utilizar en el Diálogo Norte-Sur el encuentro de Presidentes de los Congresos Iberoamericanos con sus homólogos de Parlamentos de las naciones industrializadas, a fin de analizar los problemas señalados en esta Declaración.

2. Solicitar al señor Presidente del Congreso de los Diputados de España la gestión y las modalidades del mencionado Diálogo.

Sucre, 30 de noviembre de 1988.


LA VI CONFERENCIA DE PRESIDENTES DE LOS PARLAMENTOS DEMOCRATICOS DE IBEROAMÉRICA

A C U E R D A :

Solicitar al Presidente del Congreso de los Diputados de España, Excmo. Señor Félix Pons y, al Presidente del Congreso de Bolivia, Excmo. Dr. Julio Garrett Aillón que a propuesta del Presidente de la Asamblea Legislativa de Costa Rica, concurrirán ante la VIII Conferencia Internacional Europea - América Latina, para exponer los alcances de la Declaración de Sucre.

Sucre, 30 de noviembre de 1988

LA SEXTA CONFERENCIA DE PRESIDENTES DE PARLAMENTOS DEMOCRATICOS DE IBEROAMÉRICA

A C U E R D A :

PRIMERO.- Expresar su complacencia por la vigencia del Tratado de Institucionalización del Parlamento Latinoamericano firmado por los plenopotenciarios de los países de América Latina, el 17 de noviembre de 1987, en la ciudad de Lima como una contribución efectiva para el fortalecimiento de la integración en América Latina.

SEGUNDO.- Reiterar su respaldo al Parlamento Andino reconociendo la importancia de la vigencia del Protocolo de Quito que le otorga el Parlamento Andino la condición de órgano principal del Acuerdo de Cartagena con la cuál podrá contribuir a los esfuerzos de integración de la Subregión Andina.

TERCERO.- Exhortar a los Parlamentos que se estudie las bases para la creación de un Parlamento del Caribe debido a la importancia de esta región en el mundo.

Sucre, 29 de noviembre de 1988

La Sexta Conferencia de Presidentes de los Parlamentos Democráticos Iberoamericanos,

ACUERDA:

1. Prestar su apoyo más decidido a la Universidad Andina Simón Bolívar, creada por el Parlamento Andino, y a sus nobles propósitos a favor de la Integración Regional y al servicio de las universidades del área.

2. Recomendar a los Gobiernos de los Países del Acuerdo de Cartagena y a los Organismos Internacionales que respalden eficazmente las gestiones de la Universidad Andina Simón Bolívar para consolidar su estructura institucional y desarrollar sus programas y planes académicos y de investigación especialmente en el campo Científico y Tecnológico.